domingo, 30 de noviembre de 2014

Enseñanzas de un alumno

Precioso articulo de un profesor, traducido al castellano


Fred era indiscutiblemente la persona menos flexible que he encontrado. En 28 años de enseñanza de asana, jamás encontré a alguien que se acercase a su nivel de inmovilidad. Su Uttanasana (flexión de pie hacia adelante) era poco más que un movimiento de asentar con la cabeza. Pero a él no le importaba utilizar elementos en cada una de las posturas. Le ayudaban a sentirse más relajado. Vino a mis clases semanalmente por más de dos años y continuamente me contaba que se mucho mejor sentía gracias al yoga y las diferencias que habia marcado en su vida.
Fred poseía también otras condiciones físicas. Tenía pie equino, lo que hacía que las posturas de pie y de equilibrio fueran un gran desafío. Pero él estaba contento utilizando la pared. Sin embargo, la condición que podría haber sido su mayor desafío habia sido una ventaja, por lo menos en el contexto de la práctica en clase de asanas: Fred era ciego.

La experiencia de asana de Fred era completamente interna. Él no tenía idea de lo rigido que era su cuerpo, porque no podía ver lo que los demás estaban haciendo. Estaba libre de la idea de que “no puedo hacer yoga porque no soy flexible”, una frase que todos los profesores de yoga hemos escuchado de alumnos reticentes. La práctica de Fred estaba completamente en el momento presente. Sus restricciones no eran algo de lo cual avergonzarse; eran simplemente sensaciones percibidas. Lo que el resto de nosotros interpretaría como limitaciones en su cuerpo, no tenía carga alguna para él. De cierto modo, su práctica era la más pura que he encontrado.
Si Fred se hubiese podido ver y compararse con otras personas a su alrededor, seguramente hubiese asistido a una clase para nunca más volver. Pero por estar libre de la habilidad de compararse con otros, estaba completamente satisfecho con su práctica. Él entendió el verdadero sentido de la práctica: que puede agregar gracia a los movimientos propios de la vida.

TKV Desikachar dijo, “El éxito del Yoga no se encuentra en la capacidad de realizar posturas, sino en como cambia positivamente la manera que vivimos nuestra vida y nuestras relaciones.” La práctica de asana de yoga es una tecnología de sanación increíble. La fusión de la respiración y el movimiento puede revitalizarnos al suavizar un sistema nervioso alterado. Al practicarlo con humildad y conciencia, puede cambiar la manera en la cual vivimos en nuestros cuerpos, creando un medio ambiente que puede transformar nuestra mente y emociones.
Pero estos beneficios no tienen absolutamente nada que ver con el poder o no realizar posturas sofisticadas. De hecho, la definición en los sutras sobre la maestría de asana no dice nada sobre su desempeño: “La maestría [de Asana] esta presente cuando todo esfuerzo es relajado y la mente se absorbe en el Infinito.” Si ésto es lo que es la maestría, cualquier persona que habite un cuerpo puede obtener la maestría de asana. Lo que se requiere es, en mi experiencia, mucho más desafiante que simplemente realizar posturas sofisticadas. Lo que se requiere es una mente y ego que puedan estar presentes, sin el deseo de “más” o “mejor”. Es la presencia tranquila que puede permanecer con lo que es, sin importar como se vea nuestra postura o la de los demás.

Esta es una lección que Fred me enseñó. En su cuerpo escasamente móvil, el encarnó la maestría de asana. El se iba de las clases con una mente en paz, que continuaba así durante la semana. Sin requerir inversiones, extensiones hacia atrás, tocarse los dedos de los pies (o siquiera las rodillas). El don que Fred poseía era su presencia y su gratitud, dones que no se desvanecen con el avanzar de la edad y el envejecimiento. Que todos descubramos esta gracia sin tiempo.

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