martes, 31 de marzo de 2015

Como estoy en la colchoneta, estoy en mi vida

Fuente: el blog de yoguifeliz

A la hora de practicar yoga, a menudo comparamos lo que estamos experimentado en el momento, con las sensaciones, la concentración, el equilibrio o la postura que conseguimos en ocasiones anteriores. Creemos que lo que lo que valoramos como un logro alcanzado se repetirá a modo de patrón. Pensar “ya me he aprendido esta postura” es una especie de intento de control que buscamos, no solo en el yoga, sino en casi todas las facetas de la vida.
Y podemos sentirnos frustrados cuando descubrimos que cada día la práctica es distinta, y que en muchísimas ocasiones nos encontramos de nuevo como principiantes. Esto es en realidad un regalo: la oportunidad de descubrir algo nuevo cada vez. Para ello, solo es necesario rendirse a lo que suceda, abandonar el afán de control, de perfeccionismo y las expectativas.
Las posturas que realizamos, aun siendo las mismas, serán diferentes cada día, porque nosotros estamos en continuo cambio. Lo que pensamos o sentimos dentro de la esterilla es un reflejo de cómo estamos en ese momento de la vida.Siempre aparecerá algo nuevo y necesitaremos realizar nuevos ajustes: después de días o meses experimentando de una manera, de pronto descubro un nuevo matiz, o comprendo algo, o me doy cuenta de que mis sensaciones o mi percepción son distintas.
Por eso un âsana (postura) en realidad no se puede aprender. Aprendemos lo ajustes, aprendemos el camino, pero el âsana solo se puede habitar.
La verdadera flexibilidad en el yoga consiste en adaptarnos a nuestros propios cambios y acogerlos con honestidad y sin juicios. Se trata de rendirme en cada práctica a lo que es, a lo que hay en mí. Escuchar a mi yo presente con toda la compasión que sea capaz, dándole espacio para ser y para sentir lo que sea que necesite: cómo está mi cuerpo hoy, mis músculos, mi estómago, si me siento alegre, enfadado, sensible, cansado, apático, eufórico… Ahora tengo la oportunidad de observarlo y reconocerlo. Por eso el yoga solo puede ser ahora.
A veces puede suponer un reto entrar en la esterilla, pues no se trata de poner en funcionamiento el cuerpo y hacer ejercicio físico, sino de atreverme a estar un rato conmigo mismo y ver lo que me encuentro. Y tal vez haya días en que no me apetece practicar yoga, porque siento cosas que no me apetece confrontar: si estoy enfadado, si no me siento bien con mi cuerpo, cuando estoy malhumorado o triste… Quizá lo que me resulta más fácil, mi respuesta automática es ponerme a ver una serie en el sofá, ir al gimnasio  o hacer cualquier otra actividad con la que pueda evadirme y desconectarme 
Pero en el yoga no hay evasión, sino encuentro, por eso nos sentimos tan bien al final de la clase. Desde cualquiera que sea mi estado de ánimo o el estado de mi cuerpo, puedo entrar en el mat.  Quizá sean los días en que menos me apetece ir a yoga, cuando más necesito reconocer lo que me ocurre y escucharme. Lo que me está disgustando, lo que me molestó en el trabajo, o simplemente permitirle a mi cuerpo relajarse y equilibrarse.
Concederme esa escucha sin juicios y sin exigencias, esa compasión que es como un gran abrazo interior.
Pues no hay nada tan sanador como la aceptación de lo que soy y de lo que hay en mí; y nada que pueda llenar mejor algunos de nuestros vacíos más profundos, que nuestro propio reconocimiento y compañía.
Así de simple, y tan a nuestro alcance como estar en el momento presente.

martes, 24 de marzo de 2015

Alivio del sindrome del piramidal con yoga

El músculo piramidal es un rotador externo de la cadera que a veces da problemas cuando acumula tension. Dada su situación muy pegado a la pelvis y teniendo en cuenta que el nervio ciático pasa entre ambos, cuando este músculo se contractura pinza el nervio y causa lo que llamamos una falsa ciática. Hay pocos ejercicios para estirarlo, y los pocos que hay son asanas de yoga, como Ardha Matsyendrasana, Rajakapotasana, o Parivritta Trikonasana. He aquí un video de como estirarlo con una variante de la paloma. Por supuesto este como cualquier otro ejercicio de yoga debe realizarse bajo supervisión de un profesor cualificado, de otro modo podría dañarse la rodilla. Todas las asanas de yoga son maravillosas cuando se realizan correctamente, pero pueden ser peligrosas cuando no se sabe lo que se hace, por ello es sumamente importante que tu profesor tenga la formación conveniente y que tenga una adecuada formación en anatomía. Desgraciadamente la falta de regulación de la profesión y la crisis hace que esto no siempre sea así.

viernes, 6 de marzo de 2015

TALLER GRATUITO

El taller gratuito de "Movimiento Consciente", pasa al 27 de Marzo, por favor quien desee hacerlo que contacte con el centro o con la facilitadora para que calculemos el numero de asistentes

martes, 3 de marzo de 2015

Peligros de la sobreestimulación

Fuente: http://kidsandteensonline.com/2015/02/24/mama-no-puedo-parar-los-pensamientos-que-me-llegan-a-la-cabeza/

“Mamá: no puedo parar los pensamientos que me llegan a la cabeza”

Una amiga me comentó hace unos días que su hija, de apenas cinco años de edad, le había sorprendido con este comentario mientras la llevaba a un cumpleaños. Sentada en su sillita, en los asientos traseros del coche, la pequeña se mostraba agobiada y desconcertada. No es la primera madre que me comenta algo parecido, pero en este caso resulta especialmente significativo el hecho de que la niña considerara que los pensamientos le llegaban de fuera..
No se trata del argumento de una película de ficción, al estilo de La invasión de los ultracuerpos, ni tampoco es consecuencia en este caso de alguna enfermedad mental, o una situación puntual y pasajera. Tras descartar todo lo descartable con el psicólogo, la conclusión no se hizo esperar: se trata sin duda de otra niña más alcanzada por lo que denominamos sobreestimulación. En 1997, hace ya dieciocho años, publiqué un libro sobre el consumo de drogas de síntesis entre los adolescentes, en el que hacía referencia exactamente a esta situación. Sin lugar a dudas nos encontramos ante la generación más sobreestimulada de toda la historia de la Humanidad. Hasta hace apenas 50 años los estímulos que recibíamos del exterior eran muy limitados y moderados en relación a los que recibimos hoy en día. Se trataba fundamentalmente de estímulos procedentes de nuestro entorno inmediato, familia, amigos, y las pocas horas a la semana que podíamos pasar viendo un canal de televisión en blanco y negro, o escuchando algún programa de radio.
Hoy, cualquier niño de diez años de nuestro entorno, ha recibido muchísima más información que cualquier otro homo sapiens de los que han pasado por aquí en los últimos 40.000 años. Ha visto imágenes de tiranosaurios corriendo por un bosque, cuando hasta hace un siglo ni tan siquiera sabíamos de su existencia. Imágenes de peces abisales, animales e insectos de cualquier punto de la tierra, vídeos grabados en la superficie de Marte por un robot, secuencias reales sobre el corazón bombeando sangre o linfocitos haciendo su trabajo en nuestro sistema inmunológico. Cosas con las que ningún sabio de la antigüedad se atrevió a soñar, y un volumen de información muy difícil de manejar. Estímulos dirigidos a todos sus sentidos: sintetizadores, sonidos y ritmos nunca antes escuchados, alimentos procedentes de los cinco continentes, chicles que los primeros minutos saben a maracuyá y después a frutos silvestres del bosque australiano… ¿Se han parado a contar los tipos de cereales que hay en las estanterías de los supermercados? ¿Y los yogures?
Pero estos niños no reciben sólo los estímulos de su entorno habitual, sino que en muchas ocasiones nos empeñamos en “enriquecerlo” y llenar absolutamente todo su tiempo con más actividades. Un tiempo libre absolutamente copado, que se combina con histriónicas series de dibujos animados, estridentes partidas de videojuegos en 3D y todo tipo de aplicaciones para llenar sus móviles, tabletas y cabezas.
Hace ya unos años que distintos expertos, como los del grupo de investigación sobreNeuroplasticidad y Aprendizaje de la Universidad de Granada (UGR), advirtieron sobre cómo la estimulación temprana podía influir en el proceso de aprendizaje. La psicobióloga Milagros Gallo, señalaba que: “El entrenamiento en tareas demasiado complejas, antes de que el sistema esté preparado para llevarlas a cabo, puede producir deficiencias permanentes en la capacidad de aprendizaje a lo largo de la vida”.
El problema de la sobreestimulación es que, al igual que hacen las drogas de síntesis, provoca lo que denominamos “tolerancia”. Es decir, el organismo se acostumbra a recibir con regularidad su dosis de estímulos, hasta que llega un momento en el que tal dosis no le satisface. ¿Qué hace entonces? Pues muy sencillo: buscar una dosis mayor. Los niños que viven este efecto se hacen cada vez menos sensibles a los estímulos del entorno, y necesitan cada vez más. Se vuelven hiperactivos, o se muestran desmotivados mientras su imaginación y creatividad se van mermando. Les cuesta centrarse mucho tiempo en una misma actividad, y sienten que sus pensamientos se atropellan los unos a los otros.
NECESITAMOS EL ABURRIMIENTO
Puede parecer algo paradójico, pero necesitamos más que nunca que los niños y niñas tengan tiempo para aburrirse. Necesitamos que tengan tiempo todos los días para llevar a cabo actividades que no estén previamente estructuradas, organizadas y controladas por normas rígidas y preestablecidas. Es preciso que tengan la oportunidad de crear sus propias estructuras, normas y parámetros. Creo que los adultos que no son capaces de innovar, de adaptarse, cambiar o evolucionar y aportar algo a la vida de quienes les rodean, son con frecuencia niños privados de la posibilidad de crear y experimentar. Es necesario tener la posibilidad de explorar, y también la posibilidad de equivocarse.
Definiría el aburrimiento como la ausencia de motivación que incite a la acción física o mental. Así pues, si un niño se aburre y desea actuar tendrá que terminar encontrando o creando sus propias motivaciones. Tendrá en definitiva que automotivarseY no les quepa duda de que lo hará. Un niño o una niña en un parque, con un palito, arena y un par de piedras creará todo un mundo. Sentado frente a una mesa y con una caja llena de pinzas de tender la ropa, organizará una carrera de coches, desarrollará una batalla o realizará algún tipo de construcción. Una hoja en blanco, un lápiz y varios rotuladores darán lugar a todo tipo de creaciones…
Los niños y niñas de hoy, más que nunca, necesitan disponer de tiempo no estructurado y dirigido por sus mayores. La sobreestimulación, la constante motivación externa y el encadenamiento continuo de tareas y actividades programadas les saturan, agobian y ahogan su necesidad de crear.
Recomendaciones:
  1. Procure que sus hijos/as dispongan con frecuencia de tiempo no estructurado. ¡Verdadero tiempo libre!
  2. Reduzca las actividades extraescolares al mínimo que considere necesario. Priorice y tenga muy en cuenta aquellas que son iniciativa de ellos mismos.
  3. No se adelante a sus demandas, no queme etapas demasiado pronto. Necesitan detenerse y paladear cada edad y cada etapa. Respete su ritmo de maduración.
  4. Interactúe y juegue con ellos si se lo piden, pero no organice ni desarrolle las normas.
  5. Controle el acceso a internet y las nuevas tecnologías. No deben convertirse en prioritarias ni conformar su principal forma de ocio. Establezca horarios.
  6. Distancie el uso de ordenadores, tablets o teléfonos móviles de la hora de irse a la cama. El sueño es fundamental, y el cerebro necesita un tiempo para volver a la normalidad tras los estímulos recibidos durante el empleo de estos aparatos.
  7. Supervise las series de dibujos animados que ven. Compruebe si es usted capaz de ver un capítulo y en qué estado se encuentra después. Algunas generan un estado de ansiedad muy apreciable.
  8. Sus hijos necesitan contacto con la naturaleza. El ritmo que ésta establece actúa como un verdadero bálsamo. Necesitan tocar, oler, sentir y experimentar en espacios abiertos y naturales.
  9. Controle los ruidos innecesarios. Si alguien quiere ver la tele en casa, escuchar música o discutir, los demás no tienen que compartirlo necesariamente.
  10. Preste toda la atención posible a sus comentarios, preguntas y observaciones. Nada de lo que dicen es superficial, aunque en un principio podamos no entender lo que están intentando decirnos.